Imaginen una tienda de alta fidelidad para amantes de la música.

Imaginen que entra un cliente a comprar y tras presentarle el vendedor todas las opciones el comprador le dice:

– “Mire, a mi me encanta la música, luego quiero el altavoz más costroso que encuentre, que peor suene, si suena a lata cayendo por unas escaleras mejor que mejor. Eso y que me proporcione un bate para poder darle en la cabeza a todos los que tengo alrededor mientras lo escucho”.

¿No tiene mucha lógica verdad?.

¿Entonces por qué los retrasados mentales, que si volaran taparían el sol, se empeñan en escuchar la mierda de música que llevan en el móvil por el pestoso altavoz que éste equipa, dando por saco a todos los que tienen alrededor, en lugar de usar unos buenos auriculares, que para colmo suelen venir incluidos en el pack?.

¿Misterio?, no, calcificación neuronal más bien.